martes, 14 de abril de 2020



Otra oportunidad se nos ha dado...

Han transcurrido 30 días, desde que emprendimos ruta hacia la incertidumbre, al miedo, a la ansiedad.

Silenciosamente nos despedíamos de algunas de nuestras pequeñas grandes libertades:
salir a la esquina a comprar el pan, al restaurante a tomar un café o a la tienda de ropa para comprar, lo de la temporada que asomaba y que había que apresurar.

Sin darnos cuenta, esas personas que pasaban a nuestro lado:
la señora del servicio, el que nos trae los mandados,
el señor de la portería, el estudiante, el encargado
de traernos el periódico, ya todos están aislados.
Largos días pasan sin verlos, y seguramente nos han dado
algún saludo afectuoso que con certeza extrañamos,
recordamos alguna mañana que con ellos tropezamos
dejando escapar media sonrisa que con apuro entregamos,
todo esto nos confirma que vivíamos alejados.

Anhelamos  notar ahora la  florecita en el camino,
la que está al lado de la acera, en el jardín o en nuestro sitio.
Decir "hola" al compañero, caminar a paso lento o practicar algún ejercicio,
llegar temprano y relajado a cumplir los compromisos.

Hoy estamos en la casa que tal vez no conocíamos,
de un lado para otro sin encontrar un punto fijo.
Nos topamos con cajones que quizá nunca abrimos,
con adornos que nos regalaron o que compramos sin sentido.
Pasamos más tiempo en la cama que a diario desvestíamos,
que casi nunca disfrutábamos como para estar allí metidos.
El insomnio inoportuno ya se hizo nuestro mejor amigo.

Las noticias en la tele son de espanto,
fútbol, novelas, series, perdieron ya su encanto.
El móvil entretiene pero ya no tanto,
ahora se hacen video llamadas para decir "Te extraño"
a los nuestros que están muy lejos y con algunos más cercanos.

Estos días el café sabe mejor tomarlo
en pantuflas, empijamados, despeinados, sin cepillarnos,
algunas veces siquiera sin habernos bañado.
Nos gusta valorar algo,  hecho por nuestras propias manos.
La simpleza de una tarea o la complejidad de un trabajo.
Pedíamos a gritos tiempo, (de lo que tanto nos quejábamos)
y hoy, que gran ironía: es lo que nos está sobrando...

Ahora le damos sentido a lo que no tenía significado;
a cuidar nuestra salud, a desear estar sanos.
A aplaudir por los que llevan batas, camillas y uniformes blancos
a asomarnos a los balcones a alentar y algunas veces soltamos llanto.

No se trata de política, o recursos mal administrados,
o acabar con la humanidad con un plan tan macabro.
Es mirar mucho más allá
de lo que alcanzan nuestras manos,
la fortuna de un cálido abrazo, o decir te quiero con tanto agrado,
a mirar fijamente a los ojos con el que conversamos.
A respetar la autoridad, a aprender a ser solidarios,
a poder contemplar el cielo como si pudiéramos alcanzarlo,
tratando de hallar respuesta a lo que tanto nos preguntamos: "¿hasta cuándo?",
poder respirar tranquilos sin miedo a morir olvidados.

Hoy salimos a la calle casi que disfrazados,
con fríos guantes de látex bloqueando nuestras manos,
impidiéndonos acariciar, sentir al tacto.
Con mascarillas en la cara, para respirar aire contaminado,
y aunque por ahora es opcional, pronto se hará necesario.

Quizá es otra oportunidad que la vida, el cosmos, Dios no está dando.
No sirve de nada el tiempo, que ya hemos desaprovechado.
Solo resta mirar al futuro agradecer, devolver y seguir andando,
repartir tantos abrazos hasta quedar cansados,
besarnos y entregarnos en cuerpo y alma hasta quedar desgastados.

2 comentarios:

Te leo... Te veo

Amistad

Todavía estoy somnolienta después de una noche de tertulia con dos personas maravillosas que hoy por hoy puedo considerar mis AMIGAS. ...